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EL FANTASMA VERDULERO
Juana no era una princesa muy principesca. Ella elegía las zapatillas y la ropa deportiva para hacer lo que más le gustaba: pasear por la laguna cercana al palacio o andar en bicicleta. No usaba zapatos dorados ni vestido de tul ni anillos con piedras verdes. ¡No, señor! También le gustaba cantar y bailar, pero eso le gusta a todas las chicas, sean princesas o no.
Su padre, el rey, estaba muy contento de que Juana fuera un a princesa no principesca, muy querida por su pueblo y deseaba para ella lo mejor. En esos días en que este cuento comenzó, se acercaba el cumpleaños de la muchacha y el rey salió a recorrer el lugar en su carroza para elegir un regalo apropiado. Pasó por una mueblería y vio algo fascinante: Una cama de madera, pintada de rosa con flores pequeñas y multicolores con una coronita dorada en la parte más alta del respaldo que le encantó. Abrió la portezuela del carruaje y llamó a Lalo, el mueblero del reino, que vino en el acto.
- ¡Buenos días, Lalo!- el rey sabía los nombres de todos sus súbditos- ¿Cuánto cuesta esa cama? ¡Me gusta para mi hija!
- Ciento veinte tapitas de cerveza, muy barata-respondió Lalo,.
- ¡Ya lo creo!- contestó el rey- Iré al palacio a la sala del tesoro, juntaré las ciento veinte tapitas de cerveza y te serán enviadas. Necesito esa cama para mi hija. Llévala mañana por la mañana sin falta.
Cuando el rey fue la sala del tesoro se encontró con que en la lata de galletas donde guardaba sus caudales no había nada. Recordó que todas sus tapitas de cerveza habían ido a parar a su espléndido disfraz para Carnaval y se agarró la cabeza…¿Qué haría ahora? ¡Llamar a su consejero, el Brujo Lamparita, que tenía siempre una buena idea en caso de necesidad! El Brujo Lamparita acudió rápidamente y le sugirió pedirle prestadas las tapitas a su amiga, la Bruja Billetosa, que era muy adinerada.
Hizo así el monarca y al día siguiente llegó Lalo, el mueblero, con la cama principesca y los ojos como